El último paseo del año


Para este reto me pidieron que creara un ambiente, para esto me inspire en mi lugar favorito, Getxo en el País Vasco, el lugar de donde es mi padre, y donde estoy todas las navidades y todo el verano, espero que os guste, tanto como a mi:







El último paseo del año

 —¡Ya te vas! —decía Carmen mientras me cogía del brazo para que no me fuera—. Venga, quédate un rato más.

—Me tengo que ir ya, si no esta noche me dormiré antes de las uvas.

Carmen me soltó el brazo y me dijo sonriendo:

—Bueno… te paso a buscar esta noche a la 1:00.

—Allí estaré.

Atravieso la plaza que me ha visto crecer, donde he reído, jugado, llorado… Dejo la fría copa que sujetaba en la mano derecha y me dirijo entre la multitud de gente que celebra la despedida del año, en busca de mi padre. Lo veo: está hablando muy alto y riendo junto a sus amigos de toda la vida. Me acerco a él de forma lenta, envuelta en un mar de gente que ríe y se divierte.

Cuando llego hasta él, me invade un fuerte olor a tabaco. En esas pequeñas escaleras junto al bar el sol de la tarde hace que el frío de diciembre sea mucho menos insoportable.

—¡Mira quién está aquí! —dice mi padre muy alegre, cogiéndome del hombro.

—Hola —saludo tímidamente a todos sus amigos—. Me voy ya para casa, estoy muy cansada y quiero aguantar toda la noche.

—Vale —responde mi padre, y me voy.

Atravieso de nuevo la plaza, caminando despacio, mientras escucho risas, conversaciones, recuerdos, vasos que se rompen… Todo ese ruido se apaga cuando llego a la calle peatonal que lleva a mi casa. Allí todo se silencia, alejada ya de la multitud; solo escucho el silbido de algunos pájaros y el maullido de los gatos.

Decido desviarme para caminar junto al mar. Me resulta mucho más agradable sentir la suave brisa golpeando mi rostro mientras el sol del mediodía me acaricia la piel. Ese paseo me transmite nostalgia, tristeza, felicidad… una mezcla interminable de sentimientos, entre los cuales predomina la tranquilidad. Me calma ver a la gente caminando sin preocupaciones, contemplar los miles de barcos parados en el mar y escuchar cómo las olas rompen en la orilla.

Cuando llego a casa, después de diez minutos de paseo, reafirmo en mi mente que aquel es, sin duda, mi lugar favorito.


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