El orden perfecto


Para esta historia me dieron un fragmente desde el punto de vista de un narrador externo, y yo decidí seguir la historia como la mujer dueña de la tiendo, gracias esto sale esta historia:


El orden perfecto

Hacía ya dos años de lo sucedido, dos años desde que él se fue, antes de ponerme a ordenar, quito el polvo de su libro, el que no pudo acabar por culpa del terremoto, no solo no pudo acabar su libro, dejó a medias nuestra historia, nuestra biblioteca, nuestra vida… En este libro, contaba su historia, su sueño de poder empezar una biblioteca, un sueño que desde ese día se echó a la borda. Vuelvo a quitar los libros de fantasía y de misterio y los intento volver a recolocar sin mucho éxito como siempre desde que él se fue. Era él, el que ordenaba esas estanterías, era él el que tenía un amor eterno a esas cuatro paredes…  


Oigo que la campanita resuena por toda la tienda, “vamos Victoria, tú puedes con esto”.  Con una sonrisa en la cara, una chica de unos 20 años me saluda y me pide un libro de recetas de un gran chef francés. Lo busco entre el montón de libros de cocina,  los cuales están tirados por el suelo, “Creo que este no lo tengo”, ella se agachó junto a mí y busco conmigo.

  • ¿Por qué lo tiene todo por los suelos? -me preguntó-, sin ánimo de ofender -dijo mientras aprecia una sonrisa nerviosa en sus labios.

  • No encuentro el orden correcto.

  • ¿El orden correcto? -preguntó intrigada.

  • Sí, es una larga historia.

Y por la forma en que me miró supe que se moría de ganas por saberla, así que eso hice, le expliqué cómo me enamoré de Mario, su pasión por los libros, su sueño por montar esta biblioteca, también le conté todo el desastre, el terremoto, cómo caían todos los libros a mi alrededor, como yo conseguía salvarme, pero Mario no lo consiguió, y cómo desde hace dos años sigo intentando buscar el orden correcto que sé que nunca encontraré.. 


Sin darnos cuenta estuvimos casi dos horas, Lucia, así se llamaba, y yo hablando de la vida, de nuestros dramas, nuestros amores.

  • Bueno…- dije intentando terminar con nuestra conversación - Creo que ya es hora de que te marches.

  • No - con tono firme -Quiero encontrar contigo el sitio concreto de cada libro de esta librería. 

  • De verdad que no hace falta…

  • Por favor, déjame ayudarte -pidió de manera insistente.

  • Vale -acepté.

Desde ese día, vino cada día a la librería para colocar y recolocarlibros. Nunca llegamos a encontrar el orden perfecto, pero me llevé algo mejor, una amiga verdadera.


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